Cada cierto tiempo, el mismo río vuelve a ser noticia. El Tratado de Aguas de 1944 —el instrumento que reparte el caudal de los ríos Bravo, Colorado y Conchos entre México y Estados Unidos— se ha convertido en uno de los puntos de fricción más recurrentes de la relación bilateral, y todo indica que seguirá siéndolo mientras la sequía en el norte de México no ceda.
El mecanismo es, en apariencia, simple: México entrega agua del Bravo a Estados Unidos en ciclos de cinco años, mientras que Washington envía agua del Colorado a México de forma anual. En la práctica, la sequía histórica que atraviesa cuencas como La Amistad y Falcón ha hecho que México acumule retrasos recurrentes en sus entregas, lo que Washington interpreta como incumplimiento y México como una limitación física real.
El episodio más reciente de esta tensión ocurrió a finales de 2025, cuando el presidente Donald Trump amenazó con imponer un arancel del 5% a productos mexicanos si el país no liberaba antes de fin de año los más de 246 millones de metros cúbicos de agua pendientes. Tras varios días de negociación, los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Trump alcanzaron un entendimiento: México se comprometió a entregar un mínimo de 431.7 millones de metros cúbicos anuales durante el ciclo vigente, además de un calendario de entregas mensuales supervisadas por una comisión técnica binacional para saldar el déficit acumulado, que ronda los mil millones de metros cúbicos.
Lo relevante de este episodio no es solo la cifra, sino el patrón que revela: el agua se ha convertido en una palanca de presión comercial adicional a los aranceles, en un contexto donde el cambio climático reduce la disponibilidad del recurso al mismo ritmo en que crece la necesidad de usarlo como moneda de negociación política. Autoridades mexicanas insisten en que el Tratado de 1944 sigue siendo el instrumento adecuado para resolver estas diferencias; funcionarios estadounidenses, por su parte, lo usan cada vez más como argumento de presión en la relación comercial más amplia.
Mientras la disputa por el T-MEC avanza en paralelo, el conflicto del agua funciona como un recordatorio de que la frontera entre México y Estados Unidos no solo se disputa en materia de aranceles o migración: también se negocia, litro a litro, en las presas del norte del país.
Fuentes: El Informador, Infobae, El Financiero, La Jornada, El Tiempo (Colombia).

